De la Reforma a la Rosca: 92 años de Militancia Universitaria
Existen muchas cosas que vemos a diario en nuestras facultades:
Carteles, pancartas, mesas con panfletos, pintadas con mensajes sutiles y no tan sutiles, peleas, acuerdos, manifiestos, posiciones antagónicas, verticales, horizontales, diagonales, luchas y claudicaciones, victorias y derrotas, derechos que se defienden y derechos que se ignoran, banderas rojas, azules, amarillas, verdes, moradas, negras, naranjas, brillantes, opacas, fiestas, campañas, plataformas, remeras, revistas, gritos, diálogos, argumentos y contra argumentos, asambleas convocadas y asambleas espontáneas. 
En resumen: vemos militancia, vemos chicos y chicas, hombres y mujeres como nosotros que mas allá de su ideario político y filosófico tienen en claro una versión de la universidad que no es la que existe y a la cual hay que perseguir y conseguir. Pero todo esto, todas estas pasiones con matiz político tienen un origen (o varios) y una historia, tienen antecedentes. El antecedente más grande en nuestra universidad argentina es, sin lugar a dudas, el proceso de Reforma Universitaria que se llevo a cabo en la Universidad de Córdoba a partir de 1918.
Repasemos un poco de que se trató este proceso:
-Desde el siglo 17 se fueron fundando en la Argentina varias universidades: Córdoba en 1613 (aunque fue elevada al rango de Universidad en 1800), Buenos Aires en 1821 y, La Plata en 1892. Estas casas de estudios fueron fundadas por entidades religiosas pertenecientes al clero político, como los jesuitas.
Su forma de organización era sumamente diferente a lo que entendemos hoy por universidad, desde los contenidos dictados hasta la elección de los profesores y los requisitos impuestos a los alumnos.
Con un claro corte clerical, combinaban la enseñanza científica con la teológica, además de una matización y un marco ideológico muy determinado de los contenidos que quizás perdure hasta nuestros días.
En aquella época, las facultades estaban regidas por organizaciones llamadas ‘Academias’, constituidas por grupos de profesionales de clase alta, docentes universitarios, sacerdotes y miembros del clero; muchos cuyos integrantes tenían gran proyección política. La pertenencia a estos grupos era vitalicia, y en caso de quedar un cargo vacante, el reemplazante era elegido por los propios miembros, hecho que generaba una concentración del poder en un grupo muy determinado de personas que no se modificaba ni por el paso del tiempo ni por la voluntad, más que la de ellos mismos.
En este marco y a principios del siglo 20, se comenzaron a escuchar voces de protesta desde el estudiantado. En 1919, particularmente en la Facultad de Medicina y, a raíz de un cambio en el régimen de prácticas de internación en el Hospital de Clínicas, que dependía de la Universidad, se generó la primer protesta masiva de estudiantes. Una temática dio paso a la otra y la protesta se volcó hacia reclamos más amplios, como la legitimidad del rector, la libertad de cátedra, el gobierno estudiantil, la docencia libre, la renovación de contenidos, el cambio hacia lo científico en detrimento de lo dogmatico y, la apertura de las universidades a la sociedad. 
Los estudiantes fueron agrupándose en la lucha por conseguir lo que se reclamaba y declararon una huelga general estudiantil en marzo de 1918 a la que adhieren sectores muy diversos de la sociedad cordobesa. El gobierno nacional de Hipólito Yrigoyen, primer gobierno electo por el sufragio universal, secreto y obligatorio instaurado por la ley Sáenz Peña, no pasó por alto la situación y decidió atenderla sin reprimirla, enviando como mediador al Procurador de la Nación, el Dr. Matienzo.
Este hombre propone una reforma, que es aceptada y acto seguido, se convocan a las primeras elecciones para elegir autoridades. Pero las viejas prácticas persisten y una asamblea, conformada por los miembros de la academia, elige rector a un miembro del clero, anulando todo lo conseguido.
Este es el punto de inflexión que impulsa a los estudiantes organizados a tomar las
instalaciones de la Universidad, impidiendo la asunción del nuevo rector y declarando la huelga nuevamente.
En abril de 1918, se conforma la FUA (Federación Universitaria Argentina), presidida por Osvaldo Loudet, uno de los grandes impulsores de la Reforma junto a Roca, Barros y Bordabehere. Este fue el comienzo de la lucha estudiantil por obtener una universidad verdaderamente democrática.
A partir de estos hechos, la universidad comenzó a transformarse, no de manera fácil, ya que la lucha fue constante y por más de 30 años, hasta llegar a ser lo que hoy conocemos, tanto en su forma de gobierno, estatutos como en su organización docente.

Ya pasaron 92 años desde aquellas revueltas y huelgas, desde los discursos del gran Deodoro Roca y de la confluencia de tantos sectores políticos y sociales distintos bajo la bandera de la Reforma. Y bastante ha cambiado todo en 92 años….
Los ideales de la Reforma Universitaria, los motivos que impulsaban a aquellos estudiantes no son distintos de los que impulsan a los militantes de hoy, pero las formas y las prioridades han cambiado considerablemente.
Hoy, podemos ver de manera sistemática en todas las facultades como las agrupaciones se encuentran en un estado de guerra civil permanente, en una pelea (ya no discusión) de unos contra otros que arrastra y desdibuja los ideales y las metas.
Busquemos un ejemplo que clarifique un poco lo que digo:
Uno entra a cualquier universidad y es recibido con una sonrisa por un miembro de la agrupación 1 que le dice: “nosotros somos los mejores, los únicos que podemos conseguir una facultad mejor”. Acto seguido, es interceptado por un miembro de la agrupación 2 que le dice: “los de la 1 son todos chorros, nosotros somos los mejores, los únicos que podemos conseguir una facultad mejor”. Acto seguido, nos sale al cruce un miembro de la agrupación 3 que nos dice: “los de la 1 y la 2 son todos chorros, nosotros somos los mejores, los únicos que podemos conseguir una facultad mejor” y así sucesivamente. Los militantes de hoy están más preocupados por aclarar que los demás están equivocados que por demostrar que ellos tienen razón. 
Los argumentos del por qué hay que elegir a tal o cual agrupación solamente hablan de lo malas que son las demás… ¿O sea que tenemos que elegir por descarte? Es ridículo.
El nivel de la discusión política ha bajado muchísimo. Es muy desagradable escuchar como se describen y descalifican las agrupaciones entre si: “peronchos, troskos, fachos, zurditos, independientes? Chorros, alquilados, pagos, mafiosos, re Bolu cionarios, ignorantes, entre otros calificativos. (Todas estas palabras las escuché en un solo día de charla con distintas agrupaciones en la Facultad de Derecho).
Cada militante está cerrado y encerrado en su idea y no tiene ninguna intención de escuchar a los demás y, los demás no tienen ninguna intención de hablarle a alguien. Además, en medio de esta coyuntura, los partidos políticos están demasiado inmiscuidos en la vida universitaria, desvirtuando todo, desde los reclamos hasta las banderas.
Probablemente, los militantes que en este momento estén leyendo estas páginas quizás estén en desacuerdo conmigo y dirán: “¿este que sabe?”. Sepan que yo también milité varios años y que también hacía lo que arriba digo.
La universidad se usa como trampolín político o como plataforma desde donde lanzar campañas o movimientos, desde los más masivos y clásicos partidos políticos hasta los movimientos sociales más combativos y populares. Un gran abanico de posiciones políticas confluyen en las facultades, pero todos caen en las mismas prácticas y vicios.
Considero que esta tendencia se debe a que la mira y el objetivo de la militancia universitaria se ha corrido un poco de su eje. Los ideales de la Reforma Universitaria, sus pensadores y, sus militantes han sido un poco olvidados.
A continuación, les presentamos una encuesta realizada a militantes de diversas agrupaciones políticas de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social:
¿Quién fue Deodoro Roca? Encuestados: 23 Respuestas correctas: 1
¿Quién fue Osvaldo Loudet? Encuestados: 23 Respuestas correctas: 2
¿Cuándo se conformó la FUA? Encuestados: 23 Respuestas correctas: 4
¿Cuándo y dónde fue la primer Reforma Universitaria argentina? Encuestados: 23 Respuestas correctas: 12
Los resultados son claros y evidentes. Existen documentos que maravillosamente sintetizan los ideales de la revolución y la militancia universitaria, como el “Manifiesto Liminar” escrito por Deodoro Roca en el que dice frases como:
“Los gastados resortes de la autoridad que emana de la fuerza no se avienen con lo que reclama el sentimiento y el concepto moderno de las universidades. El chasquido del látigo sólo puede rubricar el silencio de los inconscientes o de los cobardes. La única actitud silenciosa, que cabe en un instituto de Ciencia es la del que escucha una verdad o la del que experimenta para crearla o comprobarla.”.
No creo que muchos militantes, o al menos no los encuestados, ya que sólo uno de ellos sabía quien era Roca, hayan leído el mencionado texto.
La militancia es algo hermoso, fundamental, vital para la construcción de espacios de cambio, vital para la formación de líderes positivos que saquen a nuestro país de la situación en la que se encuentra, es algo que hay que fomentar y extender pero, con objetivos claros, con ideas concretas, con prácticas productivas. Recordando para qué están esas mesas, esas banderas, esas remeras y esas campañas para defender la Universidad, entendiendo que la educación es uno, sino el más importante, medio para lograr la transformación que la sociedad necesita. 
Eso es el verdadero sentido de la militancia universitaria, no el circo en el que se convirtió, una batalla constante por el poder que hace olvidar las verdaderas razones de la militancia y que anula los objetivos nobles que los militantes tienen.
La militancia necesita y merece una reivindicación. Y solo con la renovación mirando hacia los orígenes de todo el movimiento se puede lograr.
Termino diciendo a todos los militantes que lean estas páginas, que se tomen el tiempo de leer e investigar a los ideólogos de la Reforma y que repiensen en el seno de las agrupaciones a las que pertenecen, si los objetivos siguen claros y si las prácticas no se han desviado. Y a los que no son militantes que también estén leyendo este blog, les doy un consejo que en realidad es un pedido: Militen! 
Por Pablo Martinenco