"El hombre es un ser político"
“El hombre es un ser político” afirmaba Aristóteles 2000 años atrás. Quizás se le ocurrió porque este aficionado a la libertad de pensamiento disfrutaba delirar, como creemos cuando incursionamos por primera vez en materia filosófica. Tal vez lo decía porque la dichosa política estaba (y está) en todos lados, al igual que el aire pero, la diferencia estriba en que lo político se puede ver, tocar, escuchar, respirar: en lo cotidiano, en el deporte, en la universidad, en los medios de comunicación.Un simpatizante del fútbol que hace las veces de arquero de “fútbol cinco” afirmó correctamente: “Messi milita en el Barcelona”. Militar, el verbo, es sinónimo de “ser parte de”. El militante deja de lado el conformismo y adopta un sentimiento desafiante. Pelea por lo suyo, por algo mejor de lo que se le impone y tiene. No busca cambiar el mundo. Como dice José Pablo Feinnman: “Y aunque no vivirán una vida grandiosa (los tiempos no dan para tanto) harán lo necesario por estorbar un poco”.
Aclaro, verbo “militar” ya que suele confundírselo con el sustantivo y se relaciona automáticamente con lo bélico, lo violento y desmesurado, como comprobamos que creen unos cuantos.
Vagando, recogiendo información a lo largo y ancho de nuestra Facultad de Periodismo escuchamos toda clase de opiniones de jóvenes estudiantes no militantes.
Al preguntarles que piensan acerca de los militantes universitarios muy pocos pudieron dar una opinión formada. Una gran mayoría ignora sus actividades, y tampoco parece provocarles gran interés. Otros, desaprueban a estos seres: “no hacen nada”, “discuten innecesariamente”, “abarcan más terreno de los que les concierne”, sostienen algunos. Nada alentador de escuchar, mucho menos para ingresantes a una carrera tan comprometida social y políticamente como es comunicación social.
Pero, este desinterés de los no militantes tiene su razón de ser y, mi opinión no se reduce a la frase “la juventud está perdida” (enunciado fácil y rápido que se pronuncia cada vez que alguien quiere describir cuan ignorante e indiferente es uno) si es lo que el lector conjetura hasta ahora.
Nuestro país ha padecido durante toda su historia un nefasto saqueo cultural, económico y político. El aparato productivo fue progresivamente desarticulado. La clase trabajadora que antes se concentraba, confluía y agitaba en las fábricas fue desterrada de su trabajo, de su socialización, de su vida.
No es coincidencia que las jugadas del nuevo régimen neoliberal, impuesto por nuestro ex presidente Carlos Saúl, alias “El Innombrable”, que requerían de la desmovilización, desconcientización, desnacionalización y marginación del pueblo argentino hayan dado frutos.
Así, el argentino de clase media que pasaba sus horas en la fábrica con otros tantos obreros compartiendo los mismos intereses, cultura e ideales se transformara en un ser agresivo, temeroso e individualista. Su interés por lo social muere cuando escasea el pan en casa.
El argentino pasó de ser un militante que asistía a las asambleas de sus gremios y las comisiones internas a convertirse en un estudiante de las leyes de la selva, metamorfoseándose masivamente en el famoso “vivo argento”, acumulando enseñanzas que luego dejará a sus hijos. Esta simbiosis no sólo ocurre en las clases bajas y medias también está presente en las clases altas.
La brecha entre las clases altas y bajas es cada vez más abismal; el poder de los que más tienen se resguarda, crece y asegura a través de los medios de comunicación. Los informes del “periodismo independiente” constantemente nos vuelven más paranoicos con la escandalosa inseguridad, provocada por marginados de pan y educación, para los noticieros los llamados malvivientes y criminales. Por otro lado si funcionario público evade impuestos millonarios, vende armas ilegalmente o/y es buscado por innumerables causas mafiosas es mucho menos importante.
Mientras eso sucede, “los famosos”, impresentables seres que crecieron a la sombra del menemismo, exigen mano dura y las puertas “Pentágono” se nos ofrecen alegremente en los comerciales de los programas de los mismos, mostrándonos como un hombre de tez negra y de ropa sucia choca violentamente contra una puerta reforzada casi indestructible, fiel protectora del salvaje mundo del “afuera”; dando un mensaje, a mi entender un tanto racista y preocupante.
Todos las clases olvidan su conciencia social (nuestros semejantes y nuestro nacionalismo sólo son tomados en cuenta cuando juega la Selección Argentina) y adoptan el individualismo a priori, siguiendo al pie de la letra los consejos del viejo Vizcarra: "Yo voy donde me conviene y jamás me descarrío, lleváte el ejemplo mío, y llenarás la barriga; aprendé de las hormigas, no van a un noque vacío".
Somos hijos del saqueo, los artistas que ahora escuchamos (en su mayoría) no protestan en contra de un sistema insensible y avasallante, buscan vivir el hoy “Carpe diem” y, no les interesa indagar en una verdad incómoda.
Somos más sociales y estamos más cómodos en la soledad de una computadora, también intervenida por empresas que nos dicen qué nos gusta y qué no; que junto a otras personas, en situaciones reales.
¿Cómo luchar contra toda una realidad virtual planificada para que no pensemos, cómo dejar de ser consumistas para ser críticos cuando Coca-Cola nos advierte: “necesitamos menos críticos, necesitamos disfrutar más” y, con esa frase nefasta nos dice que está todo bien, cuando la realidad nos demuestra lo contrario? ¿Cómo exigir a los jóvenes de hoy que olviden su individualismo arraigado y se unan a una organización social dispuesta a incomodar el orden “natural”? ¿Con qué criterio podemos compararnos con los jóvenes de treinta años atrás, cuando la maquinaria del sistema capitalista no estaba tan ligada a lo cotidiano como ahora?
El no militante la tiene complicada y, por si fuera poco, las estrategias de los militantes para llamar su atención son tan efectivas como la conversión actual de los católicos a los no católicos.
Intentaré explicarlo: el no militante entra en la facultad y se encuentra con pancartas, carteles y toda clase de contaminación visual. La primera impresión que tiene es de rechazo y cuando, en un esfuerzo de voluntad se pone a leer siglas como: “CPP”, o afirmaciones como: “No al pago de la deuda” entre otras consignas. Todo esto supone una serie de mensajes que no suele descifrar y que lo llenan de dudas.
Los militantes entran a las aulas en horarios de clase, irrumpen y reparten panfletos, hablan de una marcha contra el imperialismo (una marcha interesante pero poco productiva si somos realistas) cuando, por ejemplo, podrían preocuparse por que pongan papel higiénico en los baños.
Por si fuera poco, los militantes llenan los bolsillos a los no militantes de papeles coloridos, quienes al llegar a sus casas tienen que estudiar otros miles de papeles relacionados con el estudio. El orden de lectura es obvio pero, en el hipotético caso que alguno lea lo que dicen los panfletos se encuentra con que los militantes son exageradamente revolucionarios y temerarios ante el sistema, peronistas, radicales y anarquistas pero, cuando se les interroga sobre la génesis de los militantes argentinos la gran mayoría no sabe que responder.
Desde mi punto de vista, falla lo comunicacional y eso se traduce en una falta de interés y rechazo hacia la militancia universitaria.
A pesar del agravante panorama de la situación, el no militante debe entender, retomando lo dicho al principio que el hombre es un ser político que no puede desentenderse de la realidad, a pesar de todos los obstáculos anteriormente explicados. El no militante debe abrirse paso entre tanta espesura y buscar la verdad a su manera, quizás no militando fervientemente pero, mínimamente tener una idea de lo que lo rodea, de su historia, del porqué, dejar de lado el individualismo y ser un ser un social, ser un humano.
Por: Federico Tello de Meneses
Me gustó la nota, muy interesante y bien escrita. Felicitaciones. Álvaro
ResponderEliminarGracias che, con esto me obligas a leer tu blog y opinar, maldición :P
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